Inicio mi día con la alarma de mi reloj, sólo 5 horas después de pisar mi habitación por primera vez. Extrañamente no me embarga el sueño, sino las ganas de tirarme ya de esa 9ª planta de la residencia, y disfrutar de la ciudad que ahora despertaba. Son las 7 de la mañana, y decido antes que nada ir a lavarme un poco. En el baño conozco a un italiano de cerca de Milano, Luca. Un tipo simpático, pienso, espero volver a cruzarme con él. Mientras él engomina su pelo, salgo de ahí y preparo mi viaje. Todavía no tengo mi pasaporte, así que voy a recepción a preguntar. Al parecer todavía no se podían ocupar de ello, no tan pronto. Aprovecho para preguntar por algún sitio para ir a desayunar. Me dicen que en la misma E 47th, donde está la residencia, con la 2nd Av. hay un buen sitio, así que decido probarlo.
Efectivamente está ahí, abierto para mí. Me tomo un bocata de huevo frito con bacon y salchichas. Está delicioso. Además, por 1 dollar más tengo un café entre mis manos. "What size?" me pregunta. Pequeño, le digo. Ese café pequeño es como 4 veces más grande que cualquier otro café que haya probado en mi vida, con excepción de los de Starbucks. Me como rápido la hamburguesa y me encamino hacia el hotel, bebiéndome el café por la calle. Por el camino reparo en la gente que aprovecha las 8 de la mañana para correr. Llego a la residencia, sólo faltan 5 minutos para que llegue el misterioso personaje que me dejó una nota bajo la puerta de la habitación. Espero, y espero. Nadie aparece. Pregunto, y me dicen que aún no es la hora. Comparo mi reloj con el suyo... ¡mierda! Ajusté mal el cambio horario. Tenía el reloj una hora adelantada. Con este disgusto en el cuerpo decido ponerme a escribir un correo.
Como veo mucho que contar del primer día, abro un documento de word, lo titulo "Diario", y empiezo a escribir. A lo que termino, volvían a faltar sólo 5 minutos, pero esta vez de verdad. No tengo internet, se necesita una contraseña, así que voy a pedirla. De paso se me ocurre pedirles mi pasaporte, que ahora sí me pueden dar. Pero me piden papeleo, y hacer una fotocopia, lo que me cuesta el tiempo suficiente para que al parecer se hayan ido sin mí. Cojo mi plano y me dirijo al West 35th St. Es la dirección indicada. Tras 20 minutos maravillandome de las vistas por el camino, cruzar la Lexintong Av, Madison, 3rd, y 5th avenue, y bajar por esta última hasta el Empire State Building, busco la dirección requerida y... no existe. No hay un número 40, sólo un 36 y un 42. Pregunto en ambos, me dicen que eso no existe, que quizá se hayan equivocado y sea en el East.
Me dirijo ahí, llegando ya tarde de la hora que me habían dicho, las 9 de la mañana. Me cuesta horrores encontrarlo, pues está disimulado en el cartel de una iglesia. No, espera, ¡es una iglesia! Tres tipos con aspecto hispano me ven mirando al cartel y a mi plano, y me dicen que si busco la reunión de inglés, es ahí adentro. El calor dentro es mortal. Una cola de gente espera para entrar a una sala abarrotada de gente haciendo un test de inglés. Efectivamente ahí tienen mi nombre en una lista, son muy amables, y hago el test. Es realmente sencillo, lo termino y me llaman a una sala con una mujer muy agradable, afroamericana, que me hace una ligera entrevista por verme hablar. Me despacha un rato después, y dicen que a las 12 podría volver a por los resultados, para saber dónde he sido asignado. Salgo a dar una vuelta y tomar el aire.
Voy al Empire State, cómo no. Dentro pido una fotografía a unos hombres, y veo que la entrada vale 22 dólares, así que salgo de ahí porque no tenía tiempo para verlo en ese momento. Además, la cola es considerable, y he escuchado algo de un City Pass que te permite ahorrar en tiempo y dinero en los monumentos importantes. Enfrente del Empire State por la calle del sur, la 34th Street, hay una tienda gigantesca de cómics, y aunque no me interese mucho el tema decido entrar por mera curiosidad. Me toman la maleta y doy una vuelta, con algo de reparo porque en ella tengo el pasaporte. La cantidad de material allí es enorme, y hay de todo. Pienso en lo mucho que les gustaría a mis amigos estar ahí en ese momento. Salgo de la tienda y voy a ver los alrededores, un par de tiendas de regalos. No da tiempo para más, y vuelvo. Me siento en el interior de la iglesia, y espero. En seguida empieza una mujer rubia de mediana edad a hablar. Es la presidenta de la academia a la que al parecer he sido destinado. Es muy amable siempre, y tras una charla en la que nos explican cómo funcionan las calles en Nueva York, especialmente Manhattan, las líneas de metro... al parecer hay dos formas de coger el metro. Unas paradas son express, otras no. Hay un metro que se salta las normales, y así va más rápido si vas a un destino principal. Nos recomiendan sobre el pase de metro que coger.
Todavía no conozco a nadie por ahí... no obstante, en seguida dicen mi nombre. Vuelvo a recordar cuando en Canadá pronunciaban mi apellido de aquella forma atroz que dañaba mis tímpanos. "Verri-la... velila, beriya, ...". Me entregan un folio con la asignación: nivel 6 Advanced. De 1 a 10, no está mal. También me dan una tarjeta de estudiante con su identificador asociado, no sé para qué me servirá. Me sacan del error poco después: hay excursiones a ciudades cercanas los fines de semana, el número sirve para apuntarse, y supongo que para algún trámite administrativo más. El resto de la semana hay un calendario bastante completo de activiades que hacer. Es similar al que me dieron en Toronto, e incluye ir a musicales en Broadway, sesiones de Gospel, y excursiones por la ciudad. Pregunto a la rubia, y me dice que puedo empezar las clases hoy mismo, pues son a las 2, o puedo dejarlo para el día siguiente.
No tengo nada mejor que hacer, así que con poco margen de tiempo voy al norte. Está muy cerca de mi residencia, unos 5 minutos andando. Entro, y ante la advertencia severa de no perdernos ninguna clase, ni llegar tarde, espero mientras me como unos M&Ms de una expendedora que me cuestan 1$. Ese dólar en moneda (existen tanto monedas como billetes de 1 dólar) lo he sacado de cuando me he encontrado una estación de metro y comprado un pase de metro ilimitado de 1 semana. Costaba 30$, así que eso explica mi cambio de 1$. Me los como apresuradamente, es lo primero que pruebo desde el desayuno. Entro en clase y ya hay 3 personas dentro. Una chica con claro acento español, un oriental, y otra chica, rubia y con rasgos del norte. Un momento después entran la profesora y dos alumnos más, también les cazo el acento español.
La profesora se presenta, Selina, y aprovecho para hacerlo también. Al parecer ella es una suplente de la habitual, que está enferma. La clase pasa volando, nos hace diferentes juegos que nos fuerzan a hablar entre nosotros, y realmente lo paso bien. Me sorprende que la española, un rato después, me pregunta de dónde soy porque no me había cazado el acento. Vuelvo a sonreir bobamente de satisfacción. Los compañeros son Angel, de Madrid; Marc, de Barcelona; Irene, de Sevilla; Choon (confieso que no se escribirlo, demasiado complicado), de corea; y por último Brooklyn, de Islandia (la llamamos así porque su nombre es impronunciable pero se parece un poco a "brookla". En el descanso me acompañan a por 99cent pizza, un trozo de pizza bastante grande por esa cantidad. Me parece deliciosa, y voy conociendo más a los compañeros. La sevillana va a mi misma residencia, y me explica cómo funciona la cocina que yo no había encontrado. Está en la 4ª planta al parecer. Por sorprendente que parezca, fuera de la escuela hablamos también en inglés, para seguir practicando, eso me gusta. En Canadá sólo hablaba inglés el rato que estaba con mi homestay family y en clase.
Al acabar, a las 6, los españoles nos vamos al pub O'Neil's, que está ahí al lado y tenía una actividad programada para que los nuevos nos conociésemos. Nada más entrar mis amigos me presentan a bastantes personas, que poco a poco voy conociendo. Me bebo una pinta de cerveza, de 4$, y dejo 1 de propina: ahí es imprescindible hacerlo. Dentro de 6 días seré mayor de edad para beber alcohol en USA, pero todavía no. Aún así no me hacen preguntas. La gente somos todos de la escuela, y nos vamos familiarizando. Hago buenas migas con un ingeniero químico japonés, de Tokyo, otras dos chicas niponas que parecen encantadas conque un español sepa escribir los números en japonés y cuatro palabras. Sacan sus modernísimos aparatos tecnológicos de los que yo ni he oído hablar, y me agregan a facebook. Un tipo ruso, Dimitri, con quien luego me voy a tomar otro trozo de 99cent pizza. Un alemán muy cariñoso con una psicóloga española de badajoz. Y hasta un brasileño, Rodrigo. Muchas experiencias de unos y otros narradas en esas horas, no caben en este diario. Ha sido un largo día... mucho que contar.
Eso me hace pensar que estoy muy cansado ahora mismo. Y tengo un frío espantoso, escribo estas palabras poco después de lo del pub, que abandonamos a las 10. Vuelvo al hotel, me pongo cómodo, y escribo. Estoy en el hall y abusan del aire acondicionado, así que me subo a mi habitación, donde no tengo wifi, y sigo escribiendo. Caigo dormido, con el ordenador a mi lado encendido. A lo que despierto, está apagado, sin batería, y me encuentro aquí, a las 9 de la mañana, descansado. Pongo la tele y escucho algo de rituales satánicos en el canal Historia. Termino de redactar esto, y pienso en levantar de una vez el culo de la cama para bajar a por wifi a enviar esto a mis queridos lectores. Un nuevo día comienza. Nueva York está ahí abajo, esperándome.
Postdata: tras una ducha bajo a por internet, y tras leer los correos veo que me han encontrado a través de Tuenti los alicantinos del día anterior. Con gran alegría, quedamos en vernos algún día. De paso, hablo con Raúl, y al darme cuenta de la cantidad de cosas que tendría que ponerme a contarle, decido que es mejor contar todo de golpe. Un blog sería adecuado, pienso. Con ello, me despido de Raúl para ponerme manos a la obra: ya no me queda mucho tiempo, son las 11 y 20 minutos de la mañana hora neoyorkina, y aún no he desayunado. Haciendo uso de mis habilidades informáticas, con los conocimientos tan duramente adquiridos en Ingeniería Informática a lo largo de 3 años, ¡¡¡creo un blog!!! Y sin ayuda. Me pongo a publicar mis dos primeros días, y añado este último párrafo. Pulso el enter, y me voy. Antes de ir a desayunar, abro Facebook y leo una entrada de Clara que me hace sonreír. Ahora sí, me voy a desayunar. McDonalds, allá voy!




Lol lo de mujer afroamericana me ha matao
ResponderEliminarLool que blog tan rolero
ResponderEliminarTe vas a poner gordito oing oing XD
ResponderEliminarUn beso,
Alba