miércoles, 3 de agosto de 2011

2 de Agosto de 2011


Me doy cuenta de que ya son las 12 de la mañana a lo que voy a empezar mi día. Me había propuesto variar algo mi dieta de $1 pizza (sí, voy a empezar a poner el símbolo del dólar delante, como corresponde). Pregunto en recepción por un supermercado y me encamino a la 46th con la 2nd Av. Hay una tienda que vende un poco de todo, no sé si se puede llamar supermercado, pero me sirve. Aquí la comida precocinada o de restaurantes de comida rápida es más barata que comprar los ingredientes y hacerla tú mismo. Por ejemplo, un paquete de espaguetti para cocinar te puede costar unos $4, mientras que una lata con espaguetti con salsa y albóndigas precocinados, que ha sido mi desayuno/comida de hoy, cuesta $2. Además está el impedimento de que no hay sartenes en la cocina de la residencia. Hay un microondas, y eso me sirve.

Vuelvo a la residencia, y a lo que consigo calentar un poco la comida presionando botones aleatorios del microondas, el cual tiene unos 25 distintos lo cuales no entiendo, empiezo a comer. I'm really starving right now. Aparece una chica, me da los buenos días y aprovecho para preguntarle por qué la cocina de enfrente no se abre. A ella le había pasado el día anterior, así que me ayuda con eso. De paso, le pregunto cómo funciona bien el microondas. Es una creencia popular entre los habitantes de la Vanderbilt YMCA residence que has de presionar primero el "1", luego el "Cook pizza", luego el "2", luego el "3", luego el "Stop/Start" y... ¿me dejo algo?. Bueno, el caso es que prueba... y no funciona. Mientras tanto, le pregunto si es española, y efectivamente lo es. De cádiz. Estefanía, se llama, hablamos durante la comida, y me resuelve algunas dudas sobre la comida por ahí, lo que hacer por las tardes, actividades, etc. Al parecer hay muchas otras formas de hacer actividades que sólo con las organizadas por la escuela, y que pueden salir mucho más baratas. Se hace tarde, así que nos damos nuestros números de habitación (sí, aquí en vez de el móvil o Tuenti uno se da el nº de room).

5 minutos después llego a la escuela. No está Ángel, pero han venido dos nuevas chicas. Teresa, y Liza, de España y París respectivamente. Conozco a la profesora habitual, que ya estaba de vuelta de su enfermedad. Su nombre es Jennifer, parece oriental, pero es de Los Angeles. Nos da algunas explicaciones de gramática, y luego llevamos a cabo un juego en el que hacemos de matchmakers, tratando de juntar entre nosotros a nuestros hijos imaginarios. Aprendo bastante vocabulario sobre love and relationships, y llega el descanso. Brooklyn va a por su pieza de fruta diaria, Marc y yo a por nuestro $1 pizza, y acompañamos a Liza a comprar una macedonia de fruta. Me enseña a decir dicha palabra en inglés, pero ya no la recuerdo. Nota mental: apuntarla. Horas después me enseñarán a decir "mechero", pero tampoco la recordaré. Nota mental 2: preguntarla en clase. OK, stop flashforwarding. Volviendo al presente, la clase termina conmigo siendo interrogado en el juego de 2 verdades 1 mentira. Escribo 3 frases en la pizarra, y tienen que adivinar a base de preguntas cuál es la falsa. Casi les cuelo que mi padre estuvo en el US Army. Casi. Pero al final acaban por cazarme, soy malo mintiendo. Mis argumentos eran buenos, y tenía algo de componente dramático, pero no podía evitar poner una sonrisa tonta al hacerlo. Salgo de clase y espero junto a Marc e Irene a que vengan la novia de este, y el hermano de esta, y de paso empiezo a ver gente conocida aparecer por ahí.

A las 6.15 hay una actividad programada, sólo faltan 10 minutos. Vamos a ir a pasear por el East Village, se supone que una antigua zona punky con mucho ambiente jóven y bares. Llegan Sho (el japonés tan majo que había conocido en el pub), Rodrigo (un brasileño con mucha marcha, un tío genial al que ves y dices: este sabe), Roberta (también brasileira). Empezamos a caminar y llegamos en seguida a la Grand Central Station. Nos metemos en el metro y estreno por fin mi metro card. En 5 minutos estamos en el downtown, y caminamos un rato hacia el este. Por el camino hablo con un chaval que no había conocido hasta el momento, Daniel, también brasileño. Acabamos en un parque del East Village, Tompkins Square Park. En él hay gente de todo tipo. Unas 12 personas están tiradas en esterillas haciendo yoga, un tipo hace malabares, y en general cada uno va a su bola. Muy buen ambiente. Aunque aún mejor es el del pub en el que nos metemos después. Conozco de paso a Shaen, surcoreano, y los que he ido mencionando nos sentamos en una mesa a escuchar la música que estaba a punto de empezar: un concierto en vivo de un guitarrista y otro con una percusión que parecía una caja flamenca. Para mi sorpresa, cuando empieza a tocar, ¡¡están tocando a Paco de Lucía!! Al parecer eran franceses. Por cierto, la camarera, una simpática chica de West Virginia a la que volvemos un poco loca con tantas nacionalidades, no me deja beber alcohol. Shit. Me tengo que conformar con una cocacola.



Empezamos a charlar todos bastante, disfrutando de la música. Toca una canción brasileña, y les comento a mis nuevos amigos que hice capoeira. Rodrigo resulta llevar años haciendo, y hablamos de ir luego a jingar un rantinho. Cuando salimos del pub tengo la sensación de llevar toda la vida con esa gente, realmente geniales todos ellos. Me doy cuenta asimismo que la barrera del inglés empieza a evaporarse a una velocidad altísima. Eso me sube la moral, y absorto en una nube mientras Sho me expicaba cosas sobre el Ramen cuando vemos un restaurante japonés por el camino, nos perdemos del resto del grupo. Conseguimos arreglárnoslas para encontrar la estación de metro más cercana, pero al parecer no es la que buscábamos. 

Encontramos por fin la correcta, y allí estaba todo el resto del grupo. El plan era ir al puente de Brooklyn, pero ya es tarde. Para otro día. Volvemos hacia la residencia, nos despedimos de Sho (él vive en el Upper East Side), y acabamos llegando, sanos y salvos. New York tiene montones de gente por las calles a todas horas, y siempre hay luz por todas partes. Llego a la residencia y me encuentro con un papel bajo la puerta, de Estefanía. Me ofrece acompañarla a ella y más gente que conoce por la residencia a las 6.30 de la mañana en el hall, vamos a ir a la Estatua de la Libertad. Acepto, devolviéndole una nota, y me pongo a escribir esto. Cuando lo voy a enviar, internet da miles de problemas y finalmente no puedo hacerlo. Lo dejo guardado y me voy a la cama, agotado. Mañana va a ser un laaaargo día. Buenas noches!


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