domingo, 7 de agosto de 2011

6 de Agosto de 2011

Enciendo la televisión, no tengo planes. Mientras me estoy despertando me entero de 2 cosas. 1- Es el día sin coche y en algunas calles va a haber actividades. Bien, eso es bueno, cosas que hacer. 2- Está lloviendo y en las calles no hay nadie. Malo, muy malo. Además, por si fuera poco, se van 22 españoles de la residencia, entre ellos la mayor parte de los amigos que hemos hecho. Sólo Javi y yo nos quedamos, y vamos a despedirles cuando se marchan, siendo Miguel el último al que despedimos. Antes de ello pasamos por una tienda de tacos, donde por $5 -el equivalente a unos 3€- tenemos una bebida enorme y una caja con dos tacos y un burrito. Me como 1 de los tacos y ya estoy lleno. Me guardo en la nevera para comer otros 2 días el resto de la comida. Todos se van. Javi y yo vamos a la Grand Central Station para coger el metro, y vemos la famosa bóveda que permite escuchar un susurro al otro lado de la galería sin que alguien en medio se entere. Tras ello, cogemos el metro a Times Square pero nos equivocamos de sentido. Acabamos en Queens, fuera de Manhattan, pero una chica nos dice que hay un bonito mirador y efectivamente vamos allí y es realmente espectacular. Se trata de un muelle al otro lado del río desde el que podemos ver todo el skyline de la ciudad. Las imágenes hablarán mejor que las palabras. Volvemos a la residencia, para encontrarnos con varias personas con las que vamos a salir de fiesta. Es hora de celebrar mi cumpleaños a la americana!



Nos encontramos con una pareja de coreanos muy alegres y animados, unos amigos de Javi realmente simpáticos. Espero volver a verles más días. Volvemos al Village, donde ya había estado un par de veces, y entramos a ese bar tan cuco, el pequeño underground con jazz en vivo que escuchamos desde la calle. Se trata de un grupo de 3 músicos: uno a la batería, otro al contrabajo y otro a la guitarra eléctrica en limpio -sin distorsión. Es un continuo vaivén de solos de unos y otros muy complejos y elaborados. Además, no hacen paradas sino que no paran de tocar a lo largo de una hora. A las 2 de la mañana, salimos de ahí a buscar bares de fiesta donde estar más rato. Mi sueño me recorre el cuerpo y mañana he quedado a las 9, así que en lugar de quedarme en un bar coreano de karaoke que encontramos me voy a casa y dejo a mis amigos seguir de fiesta. Llego a casa sin contratiempos, 1 año más viejo de lo que salí, y duermo como una marmota hasta 6 horas después, en que el despertador arruina algún sueño que ya se ha desvanecido en mi memoria -como lágrimas en la lluvia...-. Al despertar sigue lloviendo en Nueva York. Me gusta la lluvia.




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