Tras despertarme, me siento ante el ordenador a las 9 de la mañana, así que lidio con los problemas de la mierda de internet de la residencia hasta conseguir hablar. Me siento en mitad del pasillo de la 5ª planta, donde mejor cobertura de red hay, y veo las caras de mi familia. Para mi sorpresa y alegría, no sólo están mis padres como había imaginado, también mis tíos y mi prima. Me cantan el cumpleaños feliz y hablamos un rato. Están en la terraza de San Carlos tomando café apaciblemente, y por un rato me hacen desear estar allí también. Echo de menos la presencia de mi hermano.
Me encuentro con Amparo, la sevillana que se va a España a las 2. Tiene un rato libre por la mañana, así que quiere ver la escultura del toro, la cual yo tampoco he visto. Se trata de un toro furioso de unos 2 metros y pico de alto por quizá 4 de largo, un toro enorme en mitad de Wall Street. Al parecer tocarlo da suerte en los negocios, así que me apunto y tomamos el metro hasta llegar a la estatua. Nos ponemos a la cola de hindús y más asiáticos, y al fin conseguimos nuestra foto. Tras tenerla, damos un paseo por Wall Street y veo la bandera americana más grande de Nueva York, en la zona del Stock Exchange, la bolsa. Por desgracia no se puede entrar, lo cual hubiese sido una pasada por la nueva crisis que se está tramando. No sé si en España habrán llegado noticias, pero aquí Times Square está llena de anuncios LED de noticias de una posible nueva crisis mundial que se está mascando.
Tras las fotos con George Washington, con la bandera gigante y el toro, volvemos a la residencia donde Javi y los italianos me esperan para irnos a comer. Nos despedimos de Amparo, a la que vienen a recoger a la residencia, y tomamos de nuevo el subway para ir a Chinatown, nuestro destino elegido para ir a comer por mi cumpleaños. Vamos a un restaurante chino, pero uno de verdad. No como los de Zaragoza, elegantes y sin un sólo chino comiendo en ellos. Este está lleno de chinos, de hecho somos los únicos no-chinos y pedimos platos un poco a ciegas, pues los letreros están en chino. Yo chino tú chino él chino. La comida resulta estar toda muy buena: de volver allí no sabría decidirme entre el perro y el gato. Nah es broma, lo único demasiado extraño son las patas de gallina que nos pusieron: eran literalmente las garras. Con los deditos y todo, si esque se llaman así en los pollos. Nos compramos en un supermercado chino unas cajas de helados de coco, y para nuestra sorpresa vemos que al lado venden helados de guisantes y más sabores innombrables. Nos vamos de allí y nos hacemos unas fotos cantando ópera italiana en Little Italy. Los italianos lo hacen mejor que Javi y yo, especialmente Michele.
A lo que estamos de vuelta en la residencia, preguntamos si tienen el campo de basket libre. No es así, pero esperamos 20 minutos hasta que los que están jugando a voley se van y entramos. Se vienen a jugar 2 franceses, así que echamos un 3vs3 y me lo paso en grande, aunque acabamos sudados y cansados a lo grande. Mi equipo gana, por cierto. =). Nos duchamos y vamos a Times Square, donde Giacomo nos espera para entrar a ver una película en el cine más grande y espectacular que he visto en mi vida. Nos cuesta $13 (unos 9€) pero vale la pena con creces. Vemos "The Rise of the Planet of the Apes", no sé con qué nombre la estrenarán en España, pero me refiero a la precuela que han sacado del Planeta de los Simios. Está bastante bien, y tiene escenas graciosas, aunque por supuesto no se puede comparar a la primera parte, que es magistral. Además hay una niña pequeña por la sala que suelta de vez en cuando comentarios graciosos inocentemente que hacen llorar de risa a todo el cine, muy mona ella. Nada que ver con los niños de las narices -por no nombrar otra parte de la anatomía masculina- de las bodegas Terry de unas semanas antes, que no paraban de dar la lata.
Salimos del cine y vamos a la terraza del edificio, desde la que se disfrutan de vistas de Times Square desde lo alto, es una pasada. Es el primer contacto que tengo con Nueva York desde las alturas, y me encanta, al igual que al resto. Nos tiramos unas fotos y bajamos las 4 alturas que habíamos subido para llegar a ese lugar. Pero cada altura tendría unos 10 metros de alto, no olvidemos que se trata pisos que contienen salas de cine, un total de 25 para ser exactos. Cuando volvemos a poner los pies en tierra, estamos agotados del largo día y volvemos a la 47th a dormir. Mañana será otro día, y además hemos quedado a las 9 Luca Michele y yo para ir a ver la estatua de la libertad desde el ferry que se aproxima a ella llendo a Staten Island. Me acuesto. Ha sido un gran cumpleaños, a ritmo frenético por las calles de Nueva York. Y lo mejor de todo es que aún me quedan 2 semanas en esta increible ciudad.
Lunes 8 de Agosto de 2011
Vamos por la mañana a Staten Island, para lo que llegamos hasta la última parada del metro en Manhattan antes de que cruce a Brooklyn y ya vemos los letreros indicando la dirección. Esperamos junto a otros cientos de personas, lo que me hace pensar que no conseguiremos entrar todos, pero el ferry es enorme y cabemos más que de sobra. El barco zarpa, y a una velocidad bastante considerable pasa a un lado de la estatua, que se ve totalmente de frente y nos sonríe mientras le decimos "Cheese!" para que se prepare para cientos de fotos que le caen en pocos minutos. Llegamos a Staten Island y bajamos para decir que hemos estado. Hace sol así que nos metemos de nuevo en el puerto, donde mis compañeros desayunan, cosa que yo ya había hecho. Veo a mi primera fanática religiosa de NY, que está vociferando cosas de un tal Jesús y una tal Aleluya, y volvemos en el ferry. Ya es tarde, todo esto parece que no pero lleva facilmente 3 horas entre coger el metro de ida, llegar al puerto, los 2 ferrys y el metro de vuelta.
Algunas de las fotos que hago se parecen más o menos a esto...
Volvemos a la residencia, donde nos preparamos para ir a comer y luego a clase. Vamos a coger la comida al Amish, donde Javi y una chica venezolana nos esperan fuera con la comida en la mano para ir a comer a la misma escuela, que tiene sala de ordenadores y mesas de cafetería. Tanto la escuela como la cafetería están a mitad de camino entre la 2ª y la 3ª avenida, así que hasta ese momento ibamos hasta alguna de las 2 avenidas, la recorríamos, y volvíamos a entrar a la calle correspondiente. Dábamos media vuelta a la manzana de la Gran Manzana. Pero para sorpresa de Javi y mía nos enseñan un atajo que pasa por medio de un parking en mitad de la manzana y hace que de 5 minutos de trayecto pasemos a 1 y medio. Y el último pasaje desemboca dentro del edificio mismo de la escuela!! Alucinando, comemos y entramos a clase, donde unos nuevos alumnos han entrado. Claro, no me acordaba, es lunes.
En el descanso a las 4, decido variar un poco mi dieta y en lugar de $1pizza me como un cent35plátano en un puesto cercano de frutas frescas. Mi convaleciende estómago me da las gracias, y un rato después termina la clase y todos nos vamos a O'Neils, la profesora (Jen) incluída. Allí estoy totalmente en mi salsa, gente de tooodas las partes del mundo hablando inglés por practicar y hacer amigos. Me encuentro con Sho (mi amigo japonés), al que no había visto desde hacía días, y tras conocer a un español que hablaba inglés de maravilla, Fernando, y a otros personajes muy interesante acabo sentado en una mesa con una Guiness -quería probarla de nuevo, aunque la cerveza negra no es lo mío, soy más bien un conservador en asuntos cerveceros- y con Sho, Sebastian (alemán) e Ira (Kazagishtán). Me alegra conocer a una chica de ese país pues jamás he escuchado hablar de esas tierras del este. Acabamos quedando en ir los 4 al Rockefeller, el mejor mirador de NY. Mejor que el Empire State, al que no se recomienda subir porque en lo alto tiene ventanas y barrotes y la visión no es tan clara como en el Top of the Rock, el mirador del Rockefeller Center, que es casi tan alto y está al aire. Además, desde allí se puede ver el Empire State y todo el Central Park en su inmensidad, así que me voy a dormir con vistas al día de mañana.
Enseño a los nuevos los secretos gastronómicos de NY así como en su día me los enseñaron a mí Marc, Estefanía, Javi y otros amigos. Me siento todo un neoyorkino ya. Les muestro dónde encontrar el $1pizza (y aprovecho para cenar, en lo que me siguen el resto). Además eso acerca a la estación a mis amigos, que no viven en la Vanderbilt YMCA sino en otra residencia, y cada uno se va a su nido. De camino me cruzo con los italianos, que iban a salir un rato más. Yo estoy agotado, y caigo seco en la cama. Ha sido otro fantástico día en NY. Me duermo con la maravillosa sensación de estar aprovechando cada minuto de mis fantásticas vacaciones.













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